El candidato que mejor oferte empleo ganará el voto de la mayoría de jóvenes. La tarea que ellos se han impuesto es identificar cuál candidato hace una oferta verdadera y cuál una oferta mentirosa. Ese es un desafío tremendo para jóvenes y adultos. Dicen que a un candidato –como a cualquier persona- se le conoce por su familia y su círculo de amigos. Probemos para ver qué pasa.

En el libro ‘Distanciados pero conexos: jóvenes y política en Ecuador 2019’ de Franklin Ramírez Gallegos (Flacso y Vínculos Universidades y Sociedad Civil), se presenta un estudio interesante sobre los anhelos de los jóvenes ecuatorianos, captados a través de encuestas del 2011 y 2019.

Dice que la mayor preocupación de los jóvenes es económica. Sería porque un buen porcentaje de jóvenes ecuatorianos ya adquirió la responsabilidad de mantener a una familia. “Para 2017, en el Ecuador 15,57% de jóvenes ya eran jefes de hogar. Por su parte, 68,2% de jóvenes viven en hogares biparentales y 21,8% en monoparentales. Un no menor 10% de aquellos vive con personas con ningún vínculo consanguíneo con el jefe o jefa de hogar (proyecciones censales para 2018 del Consejo Nacional para la Igualdad Intergeneracional (CNII)”.

Los jóvenes están atrapados no solo por el desempleo, también por el subempleo o empleo informal que los políticos y técnicos lo suavizan como “empleo inadecuado”. Y los que tienen empleo son víctimas de malas prácticas laborales del sector privado e incluso del Estado que engaña con contratos de empleo de un año, sin seguridad social o con un seguro parcial.

Leamos lo que dicen las encuestas: “De entre los jóvenes que están en situación de empleo la mayor parte -73% de la población entre 18 y 25 años- se encuentra en condiciones inadecuadas de trabajo. Aquello significa, en términos generales, que los jóvenes se insertan en el mercado laboral con insuficiencia de horas y/o con malas condiciones salariales. Para 2017, en efecto, más de la mitad de jóvenes se encontraba en condiciones de empleo no adecuado, es decir, con ingresos menores al salario básico y/o un horario inferior a las 40 horas por semana.

De otra parte, para 2019, el desempleo de jóvenes de entre 18 y 24 años de edad llega a 36,3% siendo casi diez puntos menos que en el año 2012 (ENEMDU, 2019). De acuerdo al Consejo Nacional para la Igualdad Intergeneracional en 2017, el 38,86% de jóvenes contaba con empleo adecuado. Las mujeres, no obstante, solo representaron un tercio de dicha cifra (12,41%).

Sobre la situación laboral en Ecuador en el último trimestre de 2020, el gobierno nacional, a través del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), aun no publica los últimos datos.

La precariedad de las condiciones de trabajo se afirma al observar que casi 60% de los jóvenes no cuenta con ningún tipo de seguridad social o seguro médico. De dicha proporción, 73,68% corresponde a mujeres. Tal marco de desprotección encaja con la primacía de los empleos en el sector privado entre los jóvenes: 45,7% trabajan en ese sector, mientras que 17,4% lo hacen por “cuenta propia”. El trabajo no remunerado ocupa, a su vez, a 13,86% de aquellos, en su mayoría mujeres. (CNII, 2018)”.

Dentro de este análisis queda un vacío porque no se dice qué sucedió con el empleo juvenil en el Estado: ¿fue estable, dio todos los beneficios de ley? Los comentarios no son buenos.

El libro dice que “Los grandes problemas de la juventud ecuatoriana se mantienen constantes en la última década. Así, entre 2011 y 2019 siguen en primer plano de sus preocupaciones: la drogadicción, el alcoholismo, la delincuencia y el desempleo. Este último, sin embargo, salta del cuarto lugar en 2011 al segundo en 2019 (de 18% a 50%)”.

Este es el efecto de una crisis que dejó la baja del precio del petróleo, la alta deuda externa y la extracción voluminosa de recursos del Estado por parte de funcionarios corruptos.

@MarianaNeiraL