Según datos de UNESCO, 165 millones de estudiantes dejaron de asistir a los centros educativos de 25 países de la región de América Latina y el Caribe.

La pandemia de COVID-19 llevó a los gobiernos a decretar el cierre de los centros educativos como parte de las acciones para contener la propagación del virus. Esta media impacta directamente en los sistemas educativos, afectando a estudiantes, familias, ministerios, secretarías, centros educativos, docentes y directivos. A esto debemos sumar la recesión económica generada por las medidas de control de la pandemia.

A decir del Banco Mundial,  el Covid-19 representa una amenaza para el avance de la educación en todo el mundo, ya que de no se realizarse esfuerzos considerables para contrarrestar estos efectos, el cierre de escuelas provocará pérdidas de aprendizaje, aumento de la deserción escolar y mayor desigualdad; mientras que la crisis económica —que afecta a los hogares— agravará el daño debido a la reducción de la oferta y demanda educativa.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), indicó que es problemático el cierre de las escuelas, incluso cuando es temporal, pues se reduce el tiempo de instrucción, lo que repercute en los logros del aprendizaje, afectando el rendimiento educativo. La interrupción de la escolaridad también da lugar a otras pérdidas más difíciles de medir, como la disminución de la productividad económica, ya que los padres se esfuerzan por equilibrar las obligaciones laborales con el cuidado de los hijos.

Por su parte, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), señala que el cierre prolongado de los centros educativos tendrá repercusiones negativas sobre los aprendizajes alcanzados, la escolarización a tiempo, la deserción y la promoción.

Todos los organismos internacionales coinciden en que los impactos en temas educativos y económicos tendrán, en conjunto, un costo a largo plazo sobre el capital humano y el bienestar. Se verán afectados, sobre todo, aquellos estudiantes pobres y de clase media vulnerable, así como los estudiantes indígenas, migrantes y con necesidades especiales.

Esta situación podrá agravarse en sistemas educativos que no cuentan con mecanismos efectivos de educación a distancia acordes a las características de los hogares, lo que puede ampliar aún más las brechas que existen entre estudiantes con más o menos acceso a los mismos pues las familias con mayores recursos económicos suelen tener niveles de educación más altos y pueden colmar las lagunas de aprendizaje y ofrecer actividades de enriquecimiento a los niños que no pueden asistir a la escuela.

Enfrentando el cierre de las escuelas

Según informó UNESCO, en pocas semanas el 91% de las instituciones educativas del mundo cerraron sus aulas debido a la pandemia del COVID-19. Una situación que llevó a la implementada veloz, inesperada y sin precedentes, de soluciones que combinan medios de  primera generación  (materiales impresos, radio y televisión) y de segunda generación (plataformas, sistemas de gestión de aprendizajes) para entregar contenido y mantener algún nivel de interacción entre escuelas y estudiantes.

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Colegios, profesores, estudiantes y familias han tenido que superar por igual los retos que van desde la conexión de internet, la facilidad de las herramientas hasta la incertidumbre por el tiempo que podría tardar en retomarse la presencialidad una vez controlada la emergencia.

Tomando en cuenta las limitaciones logísticas y presupuestarias que enfrentan los Ministerios de Educación en cada país, las soluciones adoptadas se han focalizado principalmente en la entrega de contenido alineado al currículo escolar. Organizaciones internacionales como UNESCO se han sumado a este esfuerzo para realizar una curaduría de recursos didácticos y tecnológicos existentes para que puedan ser utilizados en los procesos de enseñanza – aprendizaje.

Pero aún está pendiente mejorar (y en cientos casos implementar), las medidas que permiten un cierto vínculo entre estudiantes – docentes y familia – escuela; así como acompañar y monitorear el proceso de aprendizaje. La rapidez con que se tomaron las medidas de cierre de escuelas y colegios limitó la posibilidad de analizar con profundidad lo que necesita el estudiante.

El BID señala como un aprendizaje de las últimas semanas, la necesidad de mayor material asincrónico (o sea aquel material que no necesita del apoyo en vivo del profesor) para que el profesor dedique más tiempo en poder darle seguimiento al proceso socio emocional del estudiante.

Los profesores

Desde el inicio de la pandemia, los profesores han invertido largas jornadas laborales para que sus estudiantes sigan aprendiendo. En cuestión de días escogieron sistemas de gestión de clases, aprendieron a desarrollar objetos virtuales de aprendizaje y se familiarizaron con herramientas tanto sincrónicas como asincrónicas para impartir sus programas. Un proceso para el que no todos estaban capacitados en lenguaje digital, audiovisual y metodologías de enseñanza aprendizaje en línea.

 

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Pero esta puede ser una oportunidad para repensar la profesión docente y el rol de los maestros en el proceso de aprendizaje.

En primer lugar, el cierre de las instituciones educativas no será permanente, por esto es indispensable pensar en su futura reapertura. Es posible utilizar modelos mixtos (blended) de enseñanza, en los cuales los niños y jóvenes pasarán menos tiempo en el aula con sus profesores, y más tiempo conectados a dispositivos digitales o aulas virtuales. Para los docentes, eso implicará repensar la forma en que enseñan, y requerirá una priorización y reorganización de contenidos y una mayor preparación. Además, los esquemas mixtos se desarrollarán a través de varios medios o plataformas, y los maestros no solo tendrán que “grabar” algunas de sus clases, sino que deberán desarrollar objetos de aprendizaje adaptados a los medios tradicionales (tv, radio, y medios impresos).

Esta será la oportunidad para que los Ministerio de Educación de la región inviertan en la capacitación de los docentes en nuevas metodologías de enseñanza aprendizaje e incorporen en las aulas herramientas que vienen de la gestión de proyectos, el marketing digital o la comunicación audiovisual, como: la filosofía de la metodología Ágil (Agile Development), pensamiento de diseño (Design Thinking), o contar historias (Storytelling).

Por otra parte, los padres tendrán que involucrarse más en los procesos educativos de sus hijos. Esto es positivo para el aprendizaje, pero también requerirá una mayor coordinación entre docentes y padres para repensar los currículos académicos y darle prioridad, dentro y fuera del aula, al desarrollo cognitivo y socioemocional de los niños.

En una encuesta de educadores en diferentes países hecha por la Universidad de Harvard en marzo de este año se establece que el reto más complejo de resolver en esta crisis del Covid-19 es la disponibilidad de infraestructura tecnológica. El segundo reto más complejo de resolver es la salud emocional y mental de los estudiantes.

Las familias

Los padres de familia se volvieron profesores de sus hijos, obligados en ciertos casos a replicar en casa los mismos horarios que los niños mantenían en sus clases presenciales, en un modelo 100% sincrónico (es decir con profesores conectados en línea).

 

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Tomando en cuenta que los padres se vieron obligados al teletrabajo, el modelo sincrónico obligaba a los miembros de la familia a competir por los recursos del hogar como el uso de la computadora y el ancho de banda. Este modelo desconocía que en muchos hogares los dispositivos son compartidos, los espacios físicos de las viviendas no dan suficiente privacidad para mantener varias videoconferencias al mismo tiempo y el ancho de banda que consume, no solo esa familia sino todas las familias de esa zona, vuelve difícil la estabilidad de la conexión.

Por otro lado, el nivel educativo de los padres no siempre les permite dar acompañamiento a sus hijos en las clases y tareas en casa. Al verse más involucrados en la educación formal de sus hijos, han buscado que se reduzca la carga académica para priorizar la salud emocional de los estudiantes por sobre el cumplimiento del currículo.

Las familias pueden estar viviendo situaciones de estrés como consecuencia de la inestabilidad económica, el miedo al contagio del virus, el confinamiento y los desafíos de acoplarse a un nuevo modelo educativo por la emergencia.

En este sentido, el rol fundamental de los padres es motivar y acompañar a los hijos en el proceso de enseñanza aprendizaje y brindarles apoyo emocional para generar sentimientos de seguridad y confianza.

Los estudiantes

Las rutinas de todos los estudiantes han cambiado drásticamente y son los niños y niñas quienes se han visto más afectados. Han perdido la capacidad de interactuar con sus compañeros y profesores; sus posibilidades de actividad física se han visto limitadas a pequeños espacios en sus viviendas; muchos han perdido el acceso a la alimentación escolar; y, en todos los casos, los procesos de aprendizaje se interrumpieron.

 

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Frente a este escenario, el Banco Mundial señala la importancia de mantener el vínculo de los estudiantes con el proceso educativo, especialmente en los jóvenes de secundaria, para evitar la deserción escolar. También recomiendan sostener los programas de alimentación escolar pues brinda a los niños la comida más nutritiva del día lo que es esencial para el desarrollo cognitivo y el bienestar.

Las respuestas a la crisis generada por el COVID-19  requieren planificación, pero hay que estar preparados para ir ajustando los planes, ya que los escenarios sobre la pandemia cambian día a día. La  reapertura de las escuelas podría ser gradual en la medida en que las autoridades puedan reducir la aglomeración o la posibilidad de una segunda ola de la pandemia. En este contexto incierto, podría ser mejor tomar decisiones suponiendo un escenario de suspensión de clases largo que uno corto.

Las oportunidades

El desafío actual es reducir al máximo el impacto negativo que esta pandemia tendrá en el aprendizaje y la educación, y aprovechar esta experiencia para acelerar los procesos pendientes en actualización de metodologías, herramientas y capacitación en todos los niveles.

En primer lugar se encuentra el desarrollo de habilidades digitales que antes no tenían padres, alumnos y maestros. Incrementar las habilidades digitales de los maestros es un proceso indispensable que se verá replicado en los alumnos y que incrementará la calidad de los materiales y recursos con los que cuentan los alumnos dentro y fuera del aula.

Diseñar currículos académicos donde se incorpore el desarrollo de habilidades socioemocionales como la solidaridad, empatía, adaptación al cambio, trabajo en equipo, colaboración y cooperación. Asignaturas como artes y deportes son importantes para alcanzar este objetivo.

 

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 Implementar nuevas metodologías de enseñanza aprendizaje, donde prime la formación holística de los estudiantes y cuenta con la participación activa de los padres.

Potenciar el uso de la radio y televisión para distribuir contenidos educativos a poblaciones que no tienen los recursos para conectarse a las clases en línea. De retomarse las clases en sistemas mixtos, los medios de comunicación tendrán que impartir contenidos por largos periodos de tiempo, esta puede ser una oportunidad para que mejoren la calidad de su programación.

Es la gran oportunidad para las empresas tecnológicas de educación (EdTech). La demanda de servicios se ha transformado, pasando de estar orientados a la educación exclusivamente presencial, a trasladar los contenidos al mundo virtual, llegando al momento actual en el que los productos y servicios deben ser creados para la educación virtual.

A decir del BID, por la pandemia, la reapertura de las escuelas impondrá mayores presiones a los ministerios en cuanto a: 

  • calidad de la infraestructura y transporte escolar
  • infraestructura sanitaria básica y el acceso al agua
  • reducción del hacinamiento en las aulas
  • disminución de la matrícula estudiantil en el sector público, especialmente en ciertos  grupos  poblacionales
  • disminución de la matrícula estudiantil en la educación privada en los centros urbanos (como sucedió en Bogotá y Buenos Aires en 2000-2002)
  • Las respuestas en materia de políticas que se necesitan para alcanzar esa meta pueden resumirse en tres etapas superpuestas:
    • Enfrentar la situación
    • Gestionar la continuidad
    • Mejorar y acelerar las actividades
  • En el contexto de la implementación de estas políticas, el objetivo de los sistemas educativos debe ser recuperarse pero no repetir lo hecho anteriormente, dado que en muchos países la situación antes de la pandemia ya se caracterizaba por un grado de aprendizaje demasiado bajo, altos niveles de desigualdad y avances lentos.
  • Ahora, los países tienen la oportunidad de “reconstruir en mejores condiciones”: pueden utilizar las estrategias más eficaces de recuperación después de una crisis como base para introducir mejoras a largo plazo en áreas como las evaluaciones, la pedagogía, la tecnología, el financiamiento y la participación de los padres.
  • El Informe también demuestra que a menudo los sistemas educativos no tienen en cuenta las necesidades especiales de los alumnos. Así, únicamente 41 países reconocen oficialmente el lenguaje de señas y, a nivel global, las escuelas están más interesadas en obtener acceso a internet que en atender a los alumnos con discapacidades.
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