Mensajes, videos, memes, redes sociales, videojuegos, enormes cantidades de información (no siempre buena) y muchas oportunidades no exentas de un cierto peligro son el día a día de niños y jóvenes.

La pandemia causada por el coronavirus nos obligó a admitir y reforzar la omnipresencia de la tecnología en nuestras vidas; una realidad que es un desafío para muchos padres, inseguros acerca de cómo conciliar la educación integral de sus hijos con el tiempo que estos pasan utilizando una pantalla.

La especialista en tecnología educativa y tallerista sobre seguridades digitales para padres e hijos, María Dolores Idrovo, nos habla de la importancia de la tecnología como una herramienta para el aprendizaje y el desarrollo, reivindica la necesidad de plantearnos objetivos claros por los que dotamos a los niños de tecnología y hace un llamado a mejorar la calidad de esta exposición en lugar de simplemente poner límites temporales.

“Contrario a esperar que los padres cumplan el papel de policías, regulando, vigilando y controlando, me inclino a la confianza, basada en un proceso formativo y de generación de conciencia, para que niños y jóvenes sean responsables en su consumo tecnológico y comprendan sus consecuencias.”

¿Cuándo es “mucha tecnología”?

La Asociación Pediátrica Americana recomienda un plan para el consumo digital de la familia, donde se toman en cuenta la edad y tipos de uso que le dan a la tecnología los miembros de la familia, reflejando así el mayor grado de interactividad que se produce ahora con las tabletas y los teléfonos inteligentes.

La Asociación señala que el uso de tecnología se puede introducir desde la infancia, pero siempre bajo la supervisión de un adulto responsable que le explique al niño lo que está viendo y establezca relaciones con el mundo exterior y explique las consecuencias que crea su uso: “A causa del Covid-19, el objetivo principal es educativo, para continuar con el aprendizaje; pero fuera del contexto educativo puede ser para reforzar destrezas, con fines sociales para que generen una sana interacción con sus amigos u otros miembros de la familia, señala María Dolores.

En este sentido, más que hablar de una edad o cantidad de tiempo recomendadas, María Dolores señala que el uso de tecnología depende de qué hacen con ella y si es un uso activo o pasivo: “si cuando se acaba el tiempo de estudio les proveemos de dispositivos, padres e hijos debemos saber para qué. Por ejemplo, si pensamos cuándo darle un celular a un adolescente, no depende de la edad sino de su nivel de madurez para hacerse cargo de lo que pasa con el uso de los dispositivos y los contenidos a los cuales podría acceder y cuáles son las consecuencias de su consumo”.

“Contrario a esperar que los padres cumplan el papel de policías, regulando, vigilando y controlando, me inclino a la confianza, basada en un proceso formativo y de generación de conciencia, para que niños y jóvenes sean responsables en su consumo tecnológico y comprendan sus consecuencias.”

María Dolores es cuencana, está casada con Sebastián y tienen tres hijos de 11, 9 y 4 años.

Tiene 20 años de experiencia en implementación de proyectos educativos con posicionamiento tecnológico. Es experta en educación en línea, B-learning y plataformas educativas.

En los últimos años ha lanzado su campaña “Por una niñez y adolescencia segura en Internet”, con varias intervenciones en instituciones educativas y grupos privados, concientizando a padres e hijos en el uso seguro de la tecnología.

La tecnología ha venido para quedarse

Según datos de Unicef, “los jóvenes (de 15 a 24 años) son el grupo de edad más conectado. En todo el mundo, el 71% están en línea, en comparación con el 48% de la población total.” Niños y jóvenes se conectan, cada vez, a edades más tempranas.

Además, la conectividad puede brindar más oportunidades a los niños más marginados del mundo, dotándolos de nuevas oportunidades de aprendizaje y educación; posibilitando el acceso a información sobre asuntos que afectan a sus comunidades y, brindando oportunidades económicas al proporcionar a los jóvenes servicios de capacitación y búsqueda de empleo, y al crear nuevos tipos de trabajos.

María Dolores nos señala que sería ingenuo pensar que la solución está en prohibir a los niños el uso de tecnología, cuando lo que debemos hacer es formarlos en su uso. Este proceso es paulatino y debemos ir enseñando a medida que explicamos los tipos de controles que usaremos por su seguridad y cuándo iremos eliminándolos.

“Si hablamos de niños pequeños, debemos acompañarlos todo el tiempo mientras usen un dispositivo; si son de primaria es necesario cierto nivel de controles parentales explicándoles qué son y cómo cuidan su integridad. Para adolescentes debemos reforzar los canales de confianza y formación.” Y añade: “nada indica que cuando nuestros hijos están sin nosotros no tienen acceso o se exponen a medios o información que no les permitiríamos, aquí la fortaleza es que puedan tomar decisiones correctas y responsable sobre el uso de tecnología y consumo de información”.

Entonces, ¿cómo incorporamos, de forma beneficiosa, la tecnología en la familia?

El ejemplo marcará la forma en que nuestros hijos utilicen la tecnología, más allá de las recomendaciones y los consejos que podamos darles. Si uno de los padres habla por teléfono y escribe mensajes mientras conduce, con los niños en el auto, no solo puede causar un accidente sino que ellos ven eso y notan la contradicción entre lo que le dicen y lo que ve. Lo mismo pasa con la tecnología en la mesa ¿por qué yo no puedo usar mi teléfono y mis papás si pueden? Justificarse con el trabajo no sirve, los adultos debemos dejar de lado los dispositivos para tener comunicación con nuestros hijos. Pasa lo mismo con la cantidad de tiempo que dedicamos a las redes sociales, si nosotros pasamos mucho tiempo en las redes, poco podremos decirles a nuestros hijos al respecto. En este caso es necesario predicar con el ejemplo.

En su plan para el consumo digital de la familia, la Asociación Pediátrica Americana recomienda crear “zonas libres de tecnología”, “a lo que, sumaría las horas activas libres de tecnología”, señala María Dolores. A causa de la pandemia, niños y jóvenes permanecen un promedio de 7 horas al día frente a una pantalla para cumplir el horario escolar y, quitando el tiempo destinado a comer y dormir, “nos quedan un promedio de 7 horas que muchos niños y adolescentes también las pasan frente a una pantalla: ya sea haciendo deberes, hablando con amigos, jugando video juegos o viendo la televisión. No podemos quitar las horas educativas, pero las otras 7 horas son las que debemos ayudarles a administrar como padres y formadores”.

María Dolores agrega que a la hora de dormir se coloquen los dispositivos fuera de la habitación: “niños y adultos debemos evitar dormir con el celular o la tablet junto a la cama, es mejor dejarlo fuera del cuarto para asegurarnos unas horas de sueño continuas y sin sobresaltos.”

Cuidado con la pantalla niñera

La escena es recurrente: una familia a la hora de comer en un restaurante, niños inquietos en la mesa o sin querer comer, para calmarlos, les entregan un celular hasta que llegue la comida o lo dejan en la mesa para que los niños “coman mejor”.

La Asociación Pediátrica Americana recomienda evitar el uso de medios de comunicación como la única forma de calmar a sus niños. “Aunque en ocasiones se pueden utilizar los medios de comunicación para calmar a los niños, como durante un procedimiento médico o un viaje en avión, usar estos aparatos como una estrategia para tranquilizar a los niños puede interferir con la habilidad del niño para ajustarse a situaciones y controlar sus emociones. Pídale ayuda al médico del niño si la necesita.”

Por su parte, María Dolores, recalca la necesidad de planificación del tiempo de uso de la tecnología, “debe existir un equilibrio entre las actividades con y sin tecnología. Lo que recomiendo es evitar el “me voy a conectar para ver qué hacer”; es mejor definir cuál es la función del dispositivo en ese momento y no buscar al celular como calmante, para matar el aburrimiento, o para navegar por el internet sin rumbo”.

Las nuevas tecnologías también conllevan riesgos

Especialistas y organismos internacionales coinciden en que existen peligros ligados al uso de tecnología e internet. Algunos de los riesgos que la Asociación Pediátrica Americana detalla son: obesidad, problemas del sueño, uso problemático del internet, efecto negativo en el desempeño escolar, comportamientos riesgosos, el «sexteo», acoso cibernético, la privacidad y los predadores.

María Dolores coincide en que estos peligros se incrementan a medida que los jóvenes utilizan para más actividades y por más tiempo la tecnología “Hay peligros que ya existían, como la pornografía o la pedofilia; y otros que han cobrado mucha fuerza, como el sexting, el grooming. Cada vez hay más aplicaciones para que los jóvenes incrementen su exposición en la red”.

“Los padres debemos conocer cuáles son las aplicaciones más usadas, de qué se tratan y a qué contenidos estarán expuestos nuestros hijos en dichas redes, para poder orientarles. Al final, lo que más importa es la educación previa que se haya hecho en casa con el niño y/o adolescente, como enseñarle a no compartir datos personales, a no publicar fotos que les comprometan o que provea información personal, etc.”.

No podemos seguir pensando que el mundo digital y la tecnología son realidades paralelas. El comportamiento de niños y jóvenes y la identidad digital que creen y manejen serán un reflejo de la formación y del tipo de relaciones que mantienen dentro de sus familias. Apoyarlos en el proceso de construirse como usuarios responsables es el primer paso para que se conviertan en creadores de contenidos digitales éticos y con una visión sensata de sí mismos, pues la tecnología es una herramienta, no un fin.